Más que fútbol
A día de hoy, 8 de diciembre del 2008, el Barça es líder del campeonato liguero, aventajando en 9 puntos al eterno oponente, el Real Madrid, los cuales son ahora quintos, y que el próximo encuentro liguero es entre ambos clubs, siendo local el líder, de ahí que, a tenor de cómo están unos y otros, es posible que se agrande la diferencia entre el líder y su eterno oponente, de lo cual estoy gratamente satisfecho.
Pero bien, de esta cuestión se habla y se hablará mucho durante estos días, por lo tanto aquí plasmo que significa más que fútbol.
De origen nigeriano, los hermanos Fashanu no tuvieron una infancia demasiado sencilla. Sus padres tiraron de ‘divorcio express’ y los Fashanu, Justin y John, se vieron obligados a abandonar su barrio de Hackney, para crecer en un orfanato, para después ser adoptados por una familia de Norfolk, el matrimonio Jackson, que les dio cariño, comida y techo. Con el paso de los años, los Fashanu comprobaron en sus carnes que no eran especialmente hábiles con los libros de texto, así que ambos escogieron cambiar el colegio por el fútbol. Decididos a probar como profesionales, los dos hermanos Fashanu comenzaron su carrera vistiendo la camiseta amarilla del Norwich City. En el equipo de los canarios,. John no brilló con demasiada intensidad, pero su hermano mayor, Justin, marcó algunos goles importantes y fue considerado como una de las grandes promesas del fútbol británico. Justin Fashanu no era un dechado de virtudes con la pelota, pero su potencia de disparo y su físico de mastodonte - medía metro noventa, pesaba noventa kilos y fue boxeador de los pesos pesados durante algún tiempo- le venían como anillo al dedo para ser el ariete del Norwich. En 1981, Brian Clough, el genio del banquillo del Nottingham Forest, decidió contratar al mayor de los Fashanu, pensando que aquel Hércules de ébano podría darle muchas tardes de gloria al Forest, que apostó fuerte por Fashanu y que pagó por él un millón de libras. Su gran aval fue un golazo al todopoderoso Liverpool, que fue elegido, por votación popular, como uno de los mejores de la temporada. El caso del mayor de los hermanos Fashanu hizo historia en Inglaterra, ya que fue el primer futbolista negro por el que se pagaba tal cantidad de dinero en Inglaterra. Hasta entonces, Fashanu bajaba los balones que llegaban caídos del cielo, con nieve, y era un especialista en cabecear todo balón muerto que pasaba por el área de castigo. Sin embargo, después de un par de temporadas de lesiones, fallos increíbles de cara a puerta y muchas discusiones con el entrenador Clough, el bueno de Fashanu fue traspasado al Notts County, el vecino pobre de Nottingham. Era el año 1985, y a partir de ese año, la prometedora carrera como goleador de Fashanu se rompió en mil pedazos. En unos meses, el que podía haber sido delantero centro de la selección inglesa pasó a ser un paria, un marginado del fútbol, hasta el punto de que se vio obligado a salir de Inglaterra. Todo, por su condición sexual.Hasta entonces, el mayor de los Fashanu, cohabitaba con su compañera sentimental, Julie, su novia de toda la vida. Sin embargo, antes de dar el gran salto a Primera división, Justin Fashanu se había dado cuenta de que no era heterosexual, y de que sus preferencias sexuales no eran las más indicadas para mantener a flote su relación con Julie. Primero, el mastodonte del Norwich decidió llevar una doble vida, para encubrir su condición, aunque algunos de sus compañeros de vestuario ya andaban con la mosca detrás de la oreja con Justin, que nunca salía con el resto del equipo y que no frecuentaba los pubs donde sus compañeros solían marcharse de juerga después de los partidos. Fashanu siempre encontraba alguna excusa para escaparse del grupo y pasar la noche en el Part Two de Nottingham o en el Heaven de Londres, dos de los locales de culto de la comunidad gay inglesa en los años ochenta. En aquellos días, muchos aficionados al fútbol, que solían cruzarse en las inmediaciones de esos clubes con Fashanu, se le acercaban y no dudaban en preguntarle si era o no era ese moreno grandote que jugaba de delantero centro y salía por la televisión en los resúmenes ligueros de los sábados. Justin Fashanu, agobiado, mentía:
- ‘¿Si soy Justin Fashanu? No, no. - negaba el futbolista- Mucha gente me dice que me parezco mucho a él, pero si te fijas bien, yo soy más alto’.
Durante su etapa en el Norwich el rumor empezó a extenderse, pero cuando cobró cuerpo y forma fue cuando el Forest decidió pagar una millonada por él, y su entrenador, Brian Clough, se las tuvo tiesas con Fashanu. Cuenta la leyenda que el mítico entrenador del Forest, un tipo tan visceral como duro, llegó a interrogar a Fashanu en charlas privadas, lanzándole preguntas y dardos envenenados de manera indirecta. Un día Clough le preguntaba si sabía para qué servía una barra de pan, otro le instaba a que le dijera si le gustaba la carne y, según la leyenda popular, cierto día le sustituyó y sólo le dio una razón para hacerlo: Fashanu no comía conejo ‘ni antes ni después de los partidos’. Pero la cosa empeoró en el Notts County. Allí tuvo que realizar una gira de amistosos por Kenia, y en uno de esos partidos, el capitán del equipo rival, un tal Richards, decidió sugerirle a Fashanu que que no debía ducharse cerca de ellos en el vestuario. La respuesta de Justin no dejó lugar a interpretaciones. Fashanu, metro noventa y noventa kilos, soltó un derechazo que noqueó a Richards, que ignoraba que el mayor de los Fashanu había sido púgil de pesos pesados antes de ser futbolista. El incidente corrió como un reguero de pólvora entre las hinchadas inglesas, que a raíz de aquella gira por Kenia, solían recibir a Fashanu a gritos de ‘maricón, maricón‘, lo que le colocó en el ojo del huracán. En aquellos días, mientras el mayor de los Fashanu era la carnaza preferida de los tabloides sensacionalistas británicos, su hermano pequeño John, también futbolista, estrechó aún más el cerco. El pequeño de los Fashanu, al ser preguntado por los periodistas, clavó un puñal en el corazón de su hermano mayor:
- ‘No me gusta nada ver mi apellido junto a la palabra homosexual. No quiero que nadie me confunda con él (…) Lo único seguro es que a Justin ya no le contratará ningún club grande’.
La crueldad de las palabras de su hermano, que desde ese día le retiró la palabra, fueron el principio del fin para Fashanu. Como había profetizado John, el mayor de los Fashanu se convirtió en un desecho de tienta para los grandes clubes, en un futbolista maldito al que nadie quería en su vestuario, hasta tal punto que de jugador estrella pasó a jugador-maleta. Primero jugó en el Brighton and Hove Albion, luego emigró a Estados Unidos para jugar en Los Angeles, después pasó por la liga canadiense para jugar en el Edmonton, y más tarde, en 1989, volvió para jugar en el Manchester City. Sólo un año más tarde, en 1990, Justin Fashanu decidió salir del armario. Armado de valor, el delantero centro concedió varias entrevistas a diferentes medios de comunicación confesando su condición sexual. Su caso fue denominado como ‘El escándalo Justin’, y el delantero no tuvo reparos en afirmar que había mantenido relaciones sexuales con varios futbolistas de Primera División. Con aquella confesión, Fashanu se había quitado un peso de encima, a sabiendas de que se convertiría en un repudiado de la sociedad futbolística, nada indulgente con la comunidad gay. Su caso era un tema tabú en la sociedad inglesa, y su sincera confesión tenía un significado implícito para él. Había firmado su sentencia de muerte como delantero de un equipo ‘grande’. Pero Fashanu nunca fue un tipo al que le gustara esconderse:
- Soy gay y no me avergüenza decirlo. No tengo miedo, no quiero esconderme, y me da igual lo que piensen de mi. He pensado mucho en esto, y quiero dar un peso al frente (…) Sé que mis tendencias sexuales no tienen nada que ver con el sentido bíblico de la vida, pero estoy sufriendo tanto que estoy buscando consuelo en las páginas de la Biblia. Soy gay desde 1982, así que supongo que, a ojos de esta sociedad, soy culpable.
No se equivocaba Justin Fashanu. Después del pertinente escándalo que provocaron sus declaraciones, en el West Ham sólo llegó a disputar dos partidos. Después, le echaron. Pasó al Leyton Orient, un equipo de Tercera, y allí, después de sufrir un tormento por los crueles hinchas rivales, que le coreaban ‘maricón, maricón’, Fashanu sólo llegó a disputar cinco partidos completos. En 1991, acosado dentro y fuera del campo, perseguido por los homófobos, Fashanu cogió su inseparable maleta y acabó volviendo a Canadá, para jugar en Toronto. Allí tampoco jugó mucho, sólo siete partidos. De 1991 a 1997, en un periodo de seis años, Justin Fashanu, el tipo que llegó a costar un millón de libras, acabó arrastrándose por siete equipos diferentes: Torquay United, Aidreonians (Escocia), Trelleborg (Suecia), Adelaida City (Australia), Miramar Rangers (Australia) y Atlanta Ruckus (Estados Unidos). En 1998, el mayor de los Fashanu, un proscrito por su condición sexual, estaba hastiado del fútbol primero, y de su vida después. Sus números hasta entonces arrojaban la cruda realidad de su infierno personal. Antes de anunciar que prefería acostarse con hombres, Justin Fashanu había disputado 213 partidos y había anotado 85 goles. Después de confesar su homosexualidad, Fashanu sólo logró convertir 33 tantos, todos en ligas menores y exóticas. Quizá por eso siempre acabo por refugiarse en publicaciones homosexuales, o en negocios con algunos miembros famosos del colectivo gay, como el cantante Boy George, líder del grupo Culture’s Club.
Todo acabó de pudrirse para Fashanu cuando fue investigado por Scotland Yard en un turbio caso, la muerte de un parlamentario británico conservador. Fashanu, cometiendo el mayor error de su vida, llegó a decir que conocía al político, un tal Milligan, y que había tenido un romance con él. A los pocos días, Fashanu se desdijo de su declaración inicial, diciendo que sólo había querido ganar algún dinero con esas incendiarias declaraciones. Y como Fashanu mostró su peor cara en aquella historia, el destino le preparó una trampa algún tiempo más tarde. Fue en 1998, siendo acusado de abusar sexualmente de un joven de 17 años en Estados Unidos, mientras jugaba en el Maryland. El menor de edad acusó al futbolista, que fue fulminantemente despedido de su equipo, y que se vio obligado a regresar a Inglaterra, prácticamente deportado. Cuando volvió a su patria, se encontró con una pesadilla. La policía norteamericana había filtrado la denuncia a la prensa inglesa, que sugirió que podrían existir más casos de abusos sexuales con Justin Fashanu como protagonista. Fashanu, incapaz de encajar aquel infierno personal, acabó por recluirse en casa, en la más absoluta soledad.
El 4 de mayo de ese mismo año, después de visitar una sauna gay según varios testigos, Justin Fashanu aparecía muerto. Se había ahorcado en un garaje debajo de un puente del ferrocarril de Shoreditch, Londres. Junto a su cadáver, el delantero centro había dejado una nota de suicidio, que decía lo siguiente:
- ‘No quiero avergonzar más a mi familia y mis amigos. Espero que Jesucristo me acepte y que encuentre en el cielo la paz que nunca he podido tener en la tierra’
Su muerte conmocionó al fútbol inglés, y la posterior línea de investigación de la policía fue tan inconexa como errática. Sin embargo, a pesar de las declaraciones de testigos y amigos, que negaban que Fashanu quisiera suicidarse, Scotland Yard decidió cerrar el caso por falta de pruebas.
Días más tarde, las autoridades estadounidenses entendieron que Justin Fashanu había sido víctima de un chantaje por parte de aquel menor de edad en Maryland, y le declararon inocente de todos los cargos. Para aquel entonces, ya era tarde. Fashanu estaba bajo tierra. Quizá en el cielo, después de saber que su nombre estaba limpio, Fashanu pudo haber encontrado esa paz que nunca tuvo en vida. Su gran pecado fue sazonar sus goles con sus escarceos sexuales. El mastodóntico delantero inglés, de origen nigeriano, fue la víctima propicia de una sociedad que aún no estaba preparada para afrontar la homosexualidad. Fashanu fue un apellido maldito, perseguido, tabú, en el tradicional fútbol inglés. Lejos de esconder su condición, Justin Fashanu exhibió su distinta sensibilidad sexual. Murió con sólo 37 años, fue un buen delantero en el césped y un amante escandaloso fuera de los terrenos de juego. El escándalo le persiguió hasta el fin de sus días.
